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Demasiadas pocas mujeres con un riesgo alto se hacen la prueba genética del cáncer de mama, según una encuesta

Solamente la mitad realizaron la prueba del BRCA, y más de la mitad de las que no la hicieron dijeron que los médicos nunca se la recomendaron
(*estas noticias no estarán disponibles después del 05/09/2017)
Traducido del inglés: miércoles, 8 de febrero, 2017
Imagen de noticias HealthDay

MARTES, 7 de febrero de 2017 (HealthDay News) -- Aunque hace décadas que se puede hacer la prueba de dos genes que aumentan el riesgo de cáncer de mama, una encuesta reciente descubre que muchas mujeres con un riesgo alto no realizan la prueba, con frecuencia porque su médico no se la indica.

Entre las mujeres con el riesgo más alto, aproximadamente 8 de cada 10 dijeron que deseaban hacer la prueba de las mutaciones del BRCA1 y del BRCA2. Pero "solamente en torno a la mitad de ellas realmente realizaron la prueba que deberían hacer", dijo la autora del estudio, la Dra. Allison Kurian, de la Facultad de Medicina de la Universidad de Stanford.

"La prueba genética del cáncer no está bien ajustada a las necesidades médicas de la paciente, al riesgo de una mujer de tener una mutación", dijo Kurian, profesora asociada de medicina y de investigación y políticas de la salud.

¿A qué se deben las diferencias?

Aproximadamente el 56 por ciento de las mujeres con un riesgo alto que no habían realizado la prueba dijeron que su médico no se la había recomendado, encontró la encuesta.

Además de la prueba misma, el asesoramiento genético puede ayudar a las pacientes a decidir si deben realizar la prueba o a comprender los resultados de la prueba. Pero solamente aproximadamente el 40 por ciento de todas las mujeres con un riesgo alto, y el 60 por ciento de las mujeres con un riesgo alto que realizaron la prueba, dijeron que recibieron dicho asesoramiento, encontró el equipo de Kurian.

En la encuesta, se preguntó a más de 2,500 mujeres con cáncer de mama dos meses después de la cirugía. Se preguntó a las pacientes si habían deseado realizar la prueba genética, y en caso afirmativo, si la habían realizado. El riesgo de las mujeres variaba, y el 31 por ciento de ellas tenía un riesgo alto de portar las mutaciones del BRCA que aumentan tanto el riesgo de cáncer de mama como del de ovario.

Las estadounidenses de origen asiático y las mujeres mayores eran particularmente propensas a no haber realizado la prueba, encontró la encuesta.

"Creo que es muy preocupante", comentó Kurian sobre los hallazgos. Indicó que la encuesta tenía limitaciones porque se basó solamente en las respuestas y los recuerdos de las mujeres. Por ejemplo, los médicos quizá mencionaron la prueba genética y las mujeres podrían haberlo olvidado.

La prueba genética, cuando se recomienda, puede ayudar a determinar el riesgo de una mujer de sufrir cáncer en el futuro y en ocasiones sirve de orientación con respecto a cuál es el mejor tipo de tratamiento, dijo Kurian. Una mujer también puede alertar a las parientes cercanas, como sus hermanas e hijas, sobre los resultados positivos, en caso de que deseen hacer la prueba.

Las directrices de organizaciones como la Red Nacional Integral del Cáncer (National Comprehensive Cancer Network) y el Colegio Americano de Obstetras y Ginecólogos (American College of Obstetricians and Gynecologists) recomiendan la prueba genética en función del riesgo. Un ejemplo de alguien que debería considerarlo, dijo Kurian, sería el de una mujer que tuviera cáncer de mama antes de los 50 años de edad y tenga una pariente de primer grado con la enfermedad.

"Esta prueba solía ser muy cara, y costar unos 4,000 dólares", dijo Kurian. Luego la Corte Suprema de EE. UU. dictó en 2013 que los genes no podían patentarse, lo que abrió el camino para que otras compañías ofrecieran la prueba. Si no está cubierta por el seguro, las mujeres ahora pueden realizar la prueba pagando entre 250 y 500 dólares.

Ese cambio quedó reflejado en los hallazgos: Menos del 14 por ciento de las mujeres citaron los gastos como una barrera para realizar la prueba.

Según el Dr. Leonard Lichtenfeld, subdirector médico de la Sociedad Americana Contra El Cáncer (American Cancer Society), "el estudio da en el clavo. Apunta a un problema fundamental en lo que hacemos y cómo lo hacemos".

Para la prueba genética, dijo, la ciencia está ahí, la capacidad está ahí, pero falta la implementación.

Pero citó algunas limitaciones de la encuesta. Tal y como dijo Kurian, la información sobre la prueba fue reportada por las mujeres, de modo que quizá no sea completamente correcta.

Además, el momento en que se realizó la encuesta (de julio de 2013 a septiembre de 2014) podría haber afectado a los resultados, añadió Lichtenfeld.

"La prueba genética estaba disponible, pero solamente a través de una sola compañía, hasta junio de 2103", dijo. Los otros laboratorios quizá estuvieran preparándose cuando finalizó la encuesta, de modo que los precios de la prueba quizá no habían bajado tanto, indicó Lichtenfeld.

El área geográfica en la que se realizó la encuesta también estuvo limitada, dijo, e incluyó solo a Georgia y California.

Y aunque la prueba sea menos cara, la cobertura del seguro no es universal, según Lichtenfeld. Algunos planes no cubren la prueba hasta que ya se ha diagnosticado cáncer a una mujer o quizá hayan aplicado unos criterios adicionales, como tener un diagnóstico de cáncer y una pariente con cáncer.

Los profesionales de la salud deben hacer un mejor trabajo a la hora de comprobar y actualizar los antecedentes familiares y de comprender cuáles podrían ser los factores de riesgo genéticos del cáncer de mama, indicó Lichtenfeld. Y deben hablar más sobre la prueba genética con las pacientes, añadió.

Kurian también señaló que se necesitan más asesores genéticos.

El estudio fue publicado el 7 de febrero en la revista Journal of the American Medical Association, y fue financiado por los Institutos Nacionales de la Salud de EE. UU.


Artículo por HealthDay, traducido por HolaDoctor

FUENTES: Allison Kurian, M.D., M.Sc., associate professor, medicine and of health research and policy, Stanford University School of Medicine, Stanford, Calif.; Leonard Lichtenfeld, M.D., deputy chief medical officer, American Cancer Society, Atlanta; Feb. 7, 2017, Journal of the American Medical Association

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