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Los trasplantes fecales muestran una promesa temprana contra el autismo

Un pequeño estudio encontró que administrar bacterias intestinales sanas a los pacientes jóvenes condujo a una reducción de los síntomas
(*estas noticias no estarán disponibles después del 04/30/2017)
Traducido del inglés: lunes, 30 de enero, 2017
Imagen de noticias HealthDay

JUEVES, 26 de enero de 2017 (HealthDay News) -- Un pequeño estudio sugiere un tratamiento novedoso para los niños con autismo: administrar a esos pacientes jóvenes bacterias intestinales sanas frescas a través de un trasplante fecal.

Tras el procedimiento, los niños experimentaron una reducción del 25 por ciento en los síntomas relacionados con el lenguaje, la interacción social y las conductas repetitivas, señaló el coautor del estudio, James Adams, investigador sobre el autismo en la Universidad Estatal de Arizona.

No solo eso, sino que los niños también se hicieron menos hiperactivos, irritables y letárgicos, dijo Adams.

"No es una cura para el autismo, pero en 10 semanas pudimos lograr un avance sustancial", aseguró.

Muchos niños con autismo sufren de problemas gastrointestinales crónicos como diarrea y estreñimiento, con frecuencia desde la infancia, explicó Adams. Esto podría ser porque tienen bacterias intestinales nocivas o porque carecen de muchas cepas sanas.

"La mayoría de personas tienen más o menos mil especies distintas de bacterias en los intestinos, la mayoría beneficiosas", dijo. "En estudios anteriores, encontramos que a los niños con autismo les faltaban varios cientos de esas especies".

Estudios anteriores mostraron que los antibióticos potentes pueden mejorar temporalmente los síntomas de autismo, pero los síntomas volvían cuando los fármacos dejaban de tener efecto, comentó Adams.

"No se trata solo de deshacerse de las bacterias malas, sino de permitir que las bacterias buenas vuelvan a crecer para combatir a las bacterias malas", planteó.

Adams y sus colaboradores decidieron observar si administrar a los niños un ecosistema intestinal totalmente nuevo podría ofrecer un alivio a más largo plazo de los síntomas de autismo.

Se administraron antibióticos especiales a 18 niños diagnosticados con un trastorno del espectro autista para eliminar las bacterias intestinales, dijo Adams. Los niños también hicieron un ayuno de medio día y se sometieron a una limpieza intestinal.

"Entonces les administramos un trasplante fecal de bacterias intestinales de unos donantes extremadamente sanos y cuidadosamente evaluados", explicó.

Un laboratorio purificó las muestras para eliminar casi todos los materiales de desecho, dejando un "súper probiótico" que tenía un 99 por ciento de bacterias saludables, dijo Adams.

Los niños tomaron unas dosis altas del "súper probiótico" durante dos días, y luego unas dosis más bajas durante ocho semanas, dijo. También tomaron un supresor de ácido estomacal para asegurar que más bacterias llegaran al intestino.

En la quinta semana del estudio, los niños habían experimentado una reducción promedio del 80 por ciento en los síntomas gastrointestinales que la mayoría habían experimentado durante años, señaló Adams.

Sin prisa pero sin pausa, los niños también experimentaron una mejora constante en los síntomas de autismo.

"Para el final del tratamiento, hubo una reducción de más o menos un 25 por ciento en los síntomas de autismo", comentó Adams.

Unos seguimientos llevados a cabo ocho semanas más tarde mostraron que sus nuevas bacterias intestinales seguían siendo sanas, y que tanto los síntomas gastrointestinales como de autismo permanecían estables, dijo.

Mathew Pletcher, vicepresidente y director de descubrimientos genómicos de Autism Speaks, un grupo de defensoría, dijo que los resultados "son alentadores pero se deben repetir con un grupo más grande de individuos antes de que podamos estar seguros de que los trasplantes fecales tienen un beneficio positivo para los autistas".

"Los problemas digestivos son comunes en los individuos con autismo, y se ha mostrado que abordarlos de forma efectiva a través de tratamientos médicos tiene un impacto en los problemas conductuales y sociales asociados con el autismo", reconoció Pletcher.

"De forma que si cambiar el ambiente del microbioma en el estómago y los intestinos a través de un trasplante fecal puede restaurar de forma reproducible la salud digestiva de los individuos con autismo, existe el potencial de también aliviar algunos de los síntomas neurológicos del autismo".

Los investigadores recibieron financiación para seguir con un ensayo mucho más grande, dijo Adams.

Adams espera que los resultados del ensayo de mayor tamaño conduzcan a que la FDA apruebe los trasplantes fecales para las personas con autismo. Actualmente, la agencia solo permite el procedimiento para tratar las infecciones con C. difficile, una bacteria peligrosa que puede provocar una diarrea potencialmente letal.

Hay varias teorías que podrían explicar una interacción entre las bacterias intestinales y el autismo.

En primer lugar, el intestino libera una variedad de sustancias que afectan al cerebro, dijo la autora principal del estudio, Rosa Krajmalnik-Brown, profesora asociada de biómica fundamental y aplicada en el Centro de Biotecnología Ambiental Swette de la Universidad Estatal de Arizona.

Incluyen vitaminas como el ácido fólico y la biotina, sustancias como los ácidos grasos de cadena corta, y neuroquímicos como la serotonina, el triptófano y el GABA, dijeron Adams y Krajmalnik-Brown.

Además, ciertas bacterias nocivas pueden producir toxinas que interfieren con el sistema inmunitario y que pueden perturbar el pensamiento, añadió Adams.

Pero quizá al final se trate simplemente de un profundo alivio para estos niños.

"Estos niños han tenido problemas gastrointestinales, como diarrea o estreñimiento, durante años, desde la infancia", dijo Adams. "Creo que aliviar esa incomodidad les hace sentirse mejor, ser más sociables, menos irritables y más capaces de aprender".

El estudio aparece en la edición del 23 de enero de la revista Microbiome.


Artículo por HealthDay, traducido por HolaDoctor

FUENTES: James Adams, Ph.D., professor and autism researcher, Arizona State University, Tempe; Rosa Krajmalnik-Brown, Ph.D., associate professor, fundamental and applied bionics, ASU's Swette Center for Environmental Biotechnology; Mathew Pletcher, Ph.D., vice president and head, genomic discovery, Autism Speaks; Jan. 23, 2017, Microbiome

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